Como sabemos l@s niñ@s aprenden constantemente de sus padres y madres, no sólo lo que est@s les cuentan sino, sobre todo, lo que ven en ell@s, cómo actúan y cómo reaccionan ante los problemas.
Por ello, la mejor forma de trasmitir valores es no aplicar la tan popular frase de “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”. Si queremos un mundo mejor para tod@s hay que empezar por crearlo nosotr@s mism@s y ser congruentes : “hacer lo que pregonamos”.
¿A qué nos referimos cuando hablamos de valores?
Hay bastante acuerdo en considerar los valores como normas de conducta y actitudes según las cuales nos comportamos, que son coherentes con aquello que consideramos corecto y que dan forma a nuestra manera de ser y de sentir.
La adquisición valores positivos depende, como casi todo en la vida de l@s niñ@s, de sentirse querid@ y segur@, de desarrollar relaciones estables con sus padres y madres y de tener confianza en sí mism@s. Por otra parte, la coherencia entre los valores que se quiere trasmitir y la forma en que se actúa es fundamental. El ejemplo que den los padres y madres en su forma de relacionarse con los demás, de pedir las cosas, de repartir lo que les gusta, de renunciar a algo, de defender a alguien, etc. es lo más importante. En esa coherencia está la respuesta a la pregunta de si es posible que l@s hij@s aprecien los mismos valores que a sus padres y madres les parecen importantes. Por otro lado, no podemos olvidar asegurarnos que los valores que tenemos son realmente lo mejor que podemos ofrecerles.